Tiempos de sequía

 

Hay temporadas en las que la lluvia parece olvidarse de nosotros. El calor aprieta, la tierra se agrieta y esperamos esa gran lluvia que vuelva a llenar los ríos y a reverdecer los campos. 
Pero quizá la vida quiera enseñarnos algo con esta sequía: no siempre necesitamos una tormenta para volver a florecer. A veces basta una pequeña gota. Una palabra que llega en el momento preciso.
Una persona que nos tiende la mano.
Una oportunidad inesperada.
Una sonrisa.
Un instante de paz.

También nosotros podemos secarnos por dentro cuando dejamos de valorar esas pequeñas gotas que la vida nos ofrece. 

Por eso, cuando llegue una pequeña lluvia, no la desprecies porque no sea suficiente. Disfrútala. Recíbela. Agradece cada gota. Porque quizá aquello que parece poco sea justamente lo que necesitas para volver a florecer. 

La vida también se nutre de lo pequeño.

 




La verdadera riqueza no consiste en acumular cosas, sino en llegar a un momento de la vida en el que descubrimos que necesitamos muy poco para sentirnos profundamente agradecidos.




 



No desperdicies el tiempo intentando convencer a todos de quién eres. 

Quienes realmente te conocen no necesitan explicaciones. 

Y quienes han decidido no comprenderte 

difícilmente cambiarán de opinión por más que te esfuerces.





La madurez también consiste 

en saber cuándo acercarse 

y cuándo mantener cierta distancia 

para que las cosas sigan siendo sanas



 



"Con los años que tengo aprendí


que no todo tiene que complicarse...


a veces basta con estar, conversar

 

y disfrutar los momentos


sin ponerles más peso 


del que verdaderamente tienen."







 



"Uno también aprende 

que no siempre hay que forzar conexiones. 

Las que son sinceras...

encuentran su espacio solas." 









"Con los años uno aprende 

que no todo lo que nos

mueve el corazón

necesariamente tiene que 

convertirse en una historia. 

A veces basta con entender lo que sentimos 

y seguir caminando con calma."