HOY APRENDI SOBRE MISERICORDIA

Un niño enfermo, fue sano hoy. A un pobre desamparado, le dieron de comer. 

Un par de ancianos, tuvieron en donde dormir. 

Alguien consoló a una viuda. 

Al analfabeto, le enseñaron a leer. 

Al que no veía, se le abrieron los ojos. 

Al necesitado, le tendieron la mano. 

El que reía compartió su alegría. 

Al que estaba triste, lo animaron. 

Al que no tenía, le fue abastecido. 

El que temblaba de frío, recibió calor.

Al desterrado, le recibieron. 

El desconsolado, recibió consuelo. 

Alguien compartió de lo poco que tenía. 

Un hombre rico donó su fortuna.

Al encarcelado, lo visitaron hoy. 

Al sediento le dieron de beber.

Y a un huerfano lo adoptaron.


“Y sin que nosotros hubiéramos hecho nada bueno, por pura misericordia nos salvó lavándonos y regenerándonos, y dándonos nueva vida por el Espíritu Santo”. (Tit. 3:5) 

Autor: Mario Gutiérrez

EL CARPINTERO Y SUS HERRAMIENTAS

Recientemente tuve la oportunidad de participar en un práctico e ilustrativo seminario sobre liderazgo e integración de grupos. El ponente nos compartió un video muy ilustrativo que nos deja grandes enseñanzas respecto a las personas. Comparto el texto de la narración y al final una reflexión al respecto:

    Cuentan que en una carpintería hubo una extraña asamblea, fue una reunión donde esas herramientas discutieron sus diferencias. El martillo ejercía la presidencia, pero el resto le exigía su renuncia. La razón residía en que éste hacía demasiado ruido y además se pasaba todo el tiempo golpeando.

    El martillo aceptó su culpa, pero pidió que también fuese expulsado el destornillador, alegando que daba muchas vueltas para conseguir algo. El destornillador acepta los argumentos, pero a su vez pide la expulsión de la lija. Dijo que era muy áspera en el trato con los demás.

    La lija acató con la condición de que se expulsara también al metro, el cual el cual siempre medía al otro según su medida, como si fuese el único perfecto.
En ese momento entró el carpintero, juntó a todos e inició su trabajo. Utilizó el martillo, la lija, el metro y el destornillador. La rústica madera se convirtió en hermosos muebles.

Cuando el carpintero se fue, las herramientas retomaron la discusión, pero el serrucho se adelantó a decir:

— Señores, quedó demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades, resaltando nuestros puntos valiosos. Por eso en lugar de fijarnos en nuestras flaquezas, debemos concentrarnos en nuestros puntos fuertes.

— Entonces la asamblea entendió que el martillo era fuerte, el destornillador unía y daba fuerzas, la lija era especial para limar las asperezas, y el metro era preciso y exacto. Se sintieron como un equipo, capaz de producir cosas de calidad; y una gran alegría los embargó al darse cuenta de la suerte que tenían de poder trabajar juntos.
Lo mismo ocurre con los seres humanos. Cuando una persona busca defectos en otra, la situación se torna tensa y confusa. Al contrario, cuando se busca con sinceridad los puntos fuertes de otro, florecen las mejores conquistas humanas. Es fácil encontrar defectos, cualquiera puede hacerlo, pero encontrar cualidades, esto es para sabios.

Amigo lector: Si todos, o mejor dicho, si al menos unos cuantos (para no sonar utópico) aprendiéramos a unirnos y aprovechar las cualidades o dones con los cuales Dios nos ha dotado, poniéndolos al servicio de los demás, sin perder el tiempo en criticar a los otros o tratar de sobresalir por encima del resto, las situaciones en nuestras comunidades (iglesias y sociedade) serían muy diferentes. Habría más justicia y equidad, la pobreza y la delincuencia se reduciría, el amor se propagaría y la misericordia se exaltaría. Ojalá el tiempo que hoy gastamos en levantar divisiones lo invirtiéramos es buscar la unidad especialmente en el mundo cristiano (católicos, evangélicos, etc.), “otro gallo cantará” como dice el dicho popular. El apóstol Pablo nos enseña al respecto en la primera carta a los Corintios:
Las partes del cuerpo son muchas, pero el cuerpo es uno; por muchas que sean las partes, todas forman un solo cuerpo. Así también Cristo.
Hemos sido bautizados en el único Espíritu para que formáramos un solo cuerpo, ya fuéramos judíos o griegos, esclavos o libres. Y todos hemos bebido del único Espíritu.
Un solo miembro no basta para formar un cuerpo, sino que hacen falta muchos.
Supongan que diga el pie: "No soy mano, y por lo tanto yo no soy del cuerpo. No por eso deja de ser parte del cuerpo. O también que la oreja diga: "Ya que no soy ojo, no soy del cuerpo. Tampoco por eso deja de ser parte del cuerpo.
Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿cómo podríamos oír? Y si todo el cuerpo fuera oído, ¿cómo podríamos oler?
Dios ha dispuesto los diversos miembros colocando cada uno en el cuerpo como ha querido.
Si todos fueran el mismo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?
Pero hay muchos miembros, y un solo cuerpo.
El ojo no puede decir a la mano: "No te necesito". Ni tampoco la cabeza decir a los pies: "No los necesito".
Aun más, las partes del cuerpo que parecen ser más débiles son las más necesarias, y a las que son menos honorables las tratamos con mayor respeto; cubrimos con más cuidado las que son menos presentables, mientras que otras, más nobles, no lo necesitan.
Dios, al organizar el cuerpo, tuvo más atenciones por lo que era último, para que no se dividiera el cuerpo; todas sus partes han de tener la misma preocupación unas por otras.
Si un miembro sufre, todos sufren con él; y si un miembro recibe honores, todos se alegran con él.
Ustedes son el cuerpo de Cristo y cada uno en su lugar es parte de él. 1ª.Co. 12: 12 – 27

Sostenme según tu palabra, y viviré, que no sea en vano mi esperanza. Salmo119:116

Autor: Mario Gutiérrez

QUE TANTO TE PUEDES ARRIESGAR?

autobus escolar
Al Director de un prestigioso colegio de la ciudad le hacía falta emplear un conductor de autobús escolar, y tenía tres aplicaciones para la vacante. Para seleccionar el hombre más capacitado ideó la siguiente prueba:
Llevó al primer candidato por cierto camino a un lugar donde había una curva cerrada en una subida fuerte, y le preguntó: “¿Qué tan pegado puede usted acercar el autobús a la orilla del camino en esta curva sin riesgo de caer, con todo y niños, por el precipicio”? El conductor echó un vistazo, replicando: “Creo que hasta seis centímetros de la orilla, sin arriesgar la seguridad”.
Al segundo candidato para el trabajo se le planteó la misma situación. Examinó la curva y dijo al oficial del condado: “Creo que puedo llevar el autobús hasta dos centímetros de la orilla, sin caer sobre el precipicio”.
El superintendente llevó al tercer candidato al mismo escenario, haciéndole la misma proposición. De inmediato, este respondió: “¿Me tiene por loco? A mí no me preocupa qué tan cerca pueda llevar el autobús a la orilla. Más bien, trataré de alejarme lo más posible de la línea de peligro”.
Para sorpresa de los dos primeros candidatos, este último fue contratado.

En la vida pasa igual. Se nos presentan un sinfín de decisiones que pueden poner en riesgo nuestra integridad, no solo física, sino también espiritual. Cuántos de nosotros hemos creído que podemos controlar nuestras emociones o bien nuestra fuerza de voluntad ante ofrecimientos u oportunidades atractivas, y seducidos por la “aventura”, hemos caído causándonos daño y llevándonos de encuentro a nuestra familia.

Es por ello que hoy en día muchos han caído en drogas, adulterio, desfalcos, engaños, abortos, asesinatos, etc. Sin tan solo hubiéramos aprendido a decir NO, las cosas serían muy diferentes. Nuestra carne es débil y se ve atraída por las cosas del mundo las cuales son nocivas para la vida.

“No amen al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él”. 1ª Jn 2:15

“Pues toda carne es como hierba y su gloria como flor del campo. La hierba se seca y la flor se cae”. 1Pe_1:24

Por tanto si hemos arriesgado nuestra vida y hemos caído, Dios, a través de Jesucristo su hijo amado, puede restaurarnos todo.

“Así amó Dios al mundo. Le dio al Hijo Único, para que quien cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió al Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que se salve el mundo gracias a él. Para quien cree en él no hay juicio. En cambio, el que no cree ya se ha condenado, por el hecho de no creer en el Nombre del Hijo único de Dios”. Jn 3:16- 18


Autor: Desconocido

El canasto de carbón

Se cuenta la historia de un anciano que vivía en una granja en las montañas de Kentucky oriental con su joven nieto. Cada mañana, el Abuelo se sentaba temprano en la mesa de la cocina para leer su vieja y estropeada Biblia. Su nieto, que quería ser como él, intentó imitarlo cuando era posible.

Un día el nieto preguntó, “Abuelo, yo intento leer la Biblia, me gusta pero no la entiendo, y lo que logro entender se me olvida cuando cierro el libro. ¿Qué hay de bueno en leer la Biblia?”

El abuelo silenciosamente dejo de echar carbón en la estufa y dijo: “Baja el canasto del carbón, y ve al río, y tráeme un canasto lleno de agua”. El muchacho hizo tal y como su abuelo le dijo, aunque toda el agua se salió del canasto antes de que él pudiera volver a la casa. El abuelo se rió y dijo, “Tendrás que moverte un poco más rápido la próxima vez”, y lo envió nuevamente al río con el canasto a intentar traer agua en él.

Esta vez, el muchacho corrió más rápidamente, pero el canasto estaba de nuevo vacío antes de llegar a la casa. Ya sin respiración, le dijo a su abuelo que era “imposible llevar agua en un canasto,” y fue a conseguir un balde. El anciano lo detuvo diciendo “yo no quiero un balde de agua, quiero un canasto de agua. Tú puedes hacerlo”. A estas alturas, el muchacho sabía que la tarea era imposible, pero quería mostrar a su abuelo que aún cuando corriese más rápido, el agua se saldría antes que llegase a la casa.

El muchacho sacó el agua y corrió tanto como pudo, pero cuando llegó donde su abuelo el canasto estaba de nuevo vacío. Exhausto, el muchacho dijo “abuelo es inútil”. “¿Por qué piensas que es inútil? contesto el abuelo. “Mira dentro del canasto”. Viendo su interior comprendió por primera vez que el canasto tenía algo diferente. En lugar de un fondo sucio por el carbón, este lucía limpio. “Esa es la obra de Dios en nuestras vidas. Él nos cambia desde dentro lentamente hasta transformarnos en Su Hijo.”

CONCLUSIÓN

Esta hermosa anécdota nos deja una gran enseñanza. Nuestra vida se parece a ese canasto, cuando la vivimos sin Dios, la ensuciamos con prácticas que nos corrompen como ello alcoholismo, la drogadicción el adulterio, la fornicación, la mentira, el engaño, la deshonestidad, la ambición, el egoísmo, etc. Pero cuando buscamos el rostro de Dios, El es capaz de transformar y limpiar nuestra vida, tal como el agua fue capaz de limpiar el resto del carbón en el canasto. Debemos de ser perseverantes en el camino, orando en todo tiempo y leyendo la Palabra de Dios, ya que ésta es capaz, no solo de limpiarnos, sino también de darnos discernimiento para descubrir las cosas que debemos cambiar o eliminar de nuestra vida. La carta a los Hebreos 4:12 dice: “En efecto, la palabra de Dios es viva y eficaz, más penetrante que espada de doble filo, y penetra hasta donde se dividen el alma y el espíritu, los huesos y los tuétanos, haciendo un discernimiento de los deseos y los pensamientos más íntimos”.

Si seguimos el camino que Dios traza para nosotros estaremos seguros y confiados, pero sobre todo purificados y limpios.

“En cambio, si caminamos en la luz, lo mismo que él está en la luz, estamos en comunión unos con otros, y la sangre de Jesús, el Hijo de Dios, nos purifica de todo pecado”. 1ª. Juan 1:7. 

Autor: Mario Gutierrez

Día o Noche

 
"¿Día o noche?" Preguntó un maestro a sus discípulos para ver si sabrían decir cuándo acababa la noche y empezaba el día.
Uno de ellos dijo: "Cuando ves a un animal a distancia y puedes distinguir si es una vaca o un caballo".
"No", dijo el maestro.
Otro dijo: "Cuando miras un árbol a distancia y puedes distinguir si es un mango o un naranjo".
"Tampoco" dijo el maestro.
"Está bien", dijeron los discípulos, "dinos cuándo es".
A lo que el maestro respondió: "Cuando miras a un hombre al rostro y reconoces en él a tu hermano; cuando miras a la cara a una mujer y reconoces en ella a tu hermana. Si no eres capaz de esto, entonces, sea la hora que sea, para ti... ¡aún es de noche!".

Jesús también enseño al respecto:
“Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria rodeado de todos sus ángeles, se sentará en el trono de gloria, que es suyo. Todas las naciones serán llevadas a su presencia, y separará a unos de otros, al igual que el pastor separa las ovejas de los chivos. Colocará a las ovejas a su derecha y a los chivos a su izquierda.
Entonces el Rey dirá a los que están a su derecha: "Vengan, benditos de mi Padre, y tomen posesión del reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo. Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y ustedes me dieron de beber. Fui forastero y ustedes me recibieron en su casa. Anduve sin ropas y me vistieron. Estuve enfermo y fueron a visitarme. Estuve en la cárcel y me fueron a ver.
Entonces los justos dirán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber?"
¿Cuándo te vimos forastero y te recibimos, o sin ropa y te vestimos?
¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?
El Rey responderá: "En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí”. Mat 25:31 - 40

Si no has logrado ver el rostro de Jesús en el necesitado, aún es de noche para ti.