El Honor del Cristiano


El honor es la cualidad moral que obliga al hombre al más estricto cumplimiento de sus deberes consigo mismo y con los demás. El honor es un símbolo de la vida virtuosa y un elemento esencial de la dignidad humana y pertenece al inconsciente colectivo como un valor esencial en el arquetipo del héroe. Si existiera una formulación de un código de honor y actuación para el creyente y este fuera aceptado y practicado universalmente por todo cristiano, pienso que dicho código podría escribirse de la siguiente manera:Amar a Dios sobre todas las cosas, con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas. (Mr. 12:30).Someterse a la Palabra de Dios, guardándola, respetándola y haciendo de ella un estandarte de vida (1ª. Jn.2:5).
  • Manifestar en todo tiempo y en todo lugar los frutos del espíritu Santo y no siguiendo la naturaleza de pecado que nos caracteriza como seres humanos (Jn. 15:8; Col. 1:10).
  • Mantener la pureza de la vida, sin mancillar la presencia de Dios en nuestro cuerpo con impurezas que nos dañan y que nos contaminan. (1ª Cor. 6:19; 1ª Cor. 3:17; Lv. 15:30-31).
  • Amar al prójimo como a sí mismos, realizando actos en palabras, acciones y obras que impacten su vida de una manera beneficiosa y productiva; haciéndolo todo, como nos gustaría que lo hicieran con nosotros. (Mr. 12:33) (Lc. 6:31).
  • Orar y ayunar por los más débiles y necesitados, pidiendo que sus fuerzas sean elevadas e interceder por aquellos que luchan a diario para que la Palabra de Dios sea predicada en todo tiempo, en toda lengua y toda nación. (Ef. 6:18; Col. 1:9; Mt. 6:18).
  • Pelear la batalla espiritual que se está librando entre el ejército Dios y los demonios de Satanás, evitando así que el enemigo quiera destruir y esclavizar al pueblo de Dios. (1ª Tim. 6:12; Zc. 10:4-5).
Autor: Mario Gutierrez

PROPOSITO DE VIDA

Dice la Biblia: “Si eres profeta, transmite las luces que te son entregadas;" si eres diácono, cumple tu misión; si eres maestro, enseña;" si eres predicador, sé capaz de animar a los demás; si te corresponde la asistencia, da con la mano abierta; si eres dirigente, actúa con dedicación; si ayudas a los que sufren, muéstrate sonriente” Rm. 12:6-8.
Todos tenemos un propósito en la vida que debemos cumplir y debemos aprender a descubrir y hacerlo una realidad. Cada quien puede conocer cuál es ese propósito que Dios tiene para cada uno y para encontrarlo lo primero que debemos hacer es conocer la voluntad de Dios para nuestras vidas. Es necesario que conozcamos como Dios actúa en nosotros y cuáles son los criterios que él quiere que aprendamos y que pongamos en práctica. Una de las formas de conocer esos criterios es leyendo la Biblia. En ella encontramos hombres como Abraham, Moisés y hasta el mismo Jesús, quienes tenían cada uno, un propósito. El propósito de Abraham era el de sentar las bases de la fe y de la obediencia, así mismo ser el patriarca de la promesa. El propósito de Moisés, liberar de la esclavitud al pueblo de Israel. El propósito de Jesús morir crucificado para luego resucitar venciendo la muerte y conseguirnos, a precio sangre, nuestra salvación.
Cada quien tiene un propósito que es único y personal y Dios nos ha dotado de todo lo que necesitamos para cumplirlo. Nosotros fuimos diseñados para hacer lo que Dios tiene planificado para nosotros. Cuando encontramos el propósito de nuestra vida, todo cambia y todo llega a tener sentido. Una vida sin sentido no tiene significado ni esperanza y una vida sin Dios tampoco tiene sentido alguno. Cuando la vida tiene sentido podemos soportar muchas pruebas y cuando no hay sentido las pruebas y la vida misma parecen insoportables. La esperanza es tan esencial en el hombre como el oxigeno y el agua. Tener un propósito y una razón para vivir le da simplicidad a la vida porque es más práctico saber lo que se tiene que hacer y lo que no se debe hacer. De acuerdo al propósito podemos diferenciar y sopesar las cosas esenciales de las no esenciales. Sin sentido y sin propósito somos vulnerables y somos llevados por las circunstancias de la vida. Vivir con propósito nos lleva a vivir un estilo de vida más tranquilo y más práctico, sin complejidades, permitiéndonos que todos nuestros esfuerzos y energías sean canalizados de manera más efectiva. El propósito nos ayuda a prepararnos para la santidad y también para la eternidad.
Viene a mi memoria personas que descubrieron cual era su propósito y al ejecutarlo beneficiaron no solo sus vidas, sino que además, las nuestra. Menciono algunos ejemplos: la imprenta, inventada por Johannes Gutenberg. La bombilla eléctrica o ampolleta, inventada por Thomas Alva Edison. El teléfono, obra de Alexander Graham Bell. El automóvil desarrollado por Henry Ford, quién masificó la producción del mismo (aunque no fue él quien lo inventó). El avión, en 1903, después de grandes esfuerzos por fin los hermanos Wright se mantuvieron en el aire por 12 segundos y a partir de ese momento el desarrollo de aeronaves fue tal que en nuestro tiempo contamos con máquinas altamente sofisticadas, capaces de transportarnos a diferentes lugares del mundo en poco tiempo. Uno de los inventos que es un verdadero icono de nuestra época es el Microchip, inventado en 1959 por Jack Kilby.
Sería muy larga la lista para mencionar a tantas personas que descubrieron cual era su propósito de vida. Seguramente si estas personas se hubieran echado para atrás nuestro mundo sería muy diferente.
Quizá tu propósito en la vida no sea como el de esos hombres que realizaron estos grandiosos proyectos de beneficio para la humanidad, pero lo que sí es seguro, es lo que Dios ha diseñado para ti, lo cual será de gran impacto para la vida de los que te rodean. Quizá el tuyo sea ser el mejor padre o madre para tus hijos, proporcionándoles bienestar, seguridad y confianza para que su vida se desarrolle con plenitud, instruyéndoles en el amor a Dios y el respeto a los demás. Tal vez tu propósito es ser un excelente esposo o esposa para tu pareja, darle el amor, la ayuda, la comprensión y el apoyo para desenvolverse como persona adulta que ama y sirve a Dios y a los demás. O a lo mejor tu propósito de vida es ser un siervo de Dios que busca llevar la esperanza y el consuelo, predicando el perdón la paz y la salvación a los que la necesitan y presentándoles a Jesús a aquellos que no le conocen,  no solo de la proclamación del evangelio, sino que también siendo testigo directo del amor de aquel que te dio la vida dando a conocer tu testimonio de transformación. Con seguridad todas las personas que se ven beneficiadas y bendecidas por tu propósito de vida, serán personas diferentes y estas a su vez seguirán el mismo ejemplo tuyo, creándose un efecto multiplicador que hará, que el mundo en el que vivimos, sea un mundo completamente diferente de cómo hoy lo es. Si no empiezas hoy a ejecutar tu propósito de vida, seguramente que habrán muchas personas que se sentirán tristes y desamparadas, y que morirán sin haberle dado sentido a sus vidas.
Mi propósito en la vida es ser un siervo de Dios y cuando ejerzo ese propósito de vida agrado no solo a Dios sino que también a los que me rodean. El servir a Dios me obliga a buscar la excelencia en todos los papeles o roles que tengo en la vida, como esposo y como padre, como jefe y como subordinado, como amigo y como consejero. Si servimos a Dios servimos a los demás, pero si solo lo hacemos sin mirar a Dios en las personas a quienes servimos, estamos queriendo quedar bien con el hombre y no con Dios. Al escribir estas palabras me considero que estoy sirviéndoles a todo aquellos que las leen y si estas palabras y reflexiones aquí escritas te ayudan a ser una persona diferente y a transformar tu vida a los propósitos de Dios, entonces puedo decir que mi propósito de vida se está cumpliendo.
Que Dios te bendiga abundantemente.

Autor: Mario Gutierrez






PACIENCIA, PACIENCIA!

Conozco la historia de cuatro mil personas que habían ido en busca de Jesús. Algunos para encontrar respuestas, otros para recibir un milagro y otros motivados, quizá, por una simple curiosidad.


Cuando estas personas se hallaron con el Señor, no todos lograron satisfacer sus necesidades al mismo tiempo. Comenzaron a pasar los minutos, luego las horas y después los días. La impaciencia y la desesperación comenzaron a invadir a aquella multitud. Comenzaron a tener hambre. Imagino los pensamientos de algunos de ellos: “¿Para qué hemos venido hasta aquí? Venimos de muy lejos, hemos viajado por mucho tiempo y estamos sedientos, hambrientos y cansados del camino; y él no nos da de comer, solamente habla”.


¿Te ha pasado esto alguna vez? ¿sientes que llevas algún tiempo asistiendo a la iglesia y aún no hay repuesta? ¿Perteneces a un grupo de oración y dentro de éste te sientes vació y con dudas? ¿Has sentido desánimo porque el tiempo pasa y crees que Dios no te escucha? ¿Estás pensando “tirar la toalla” y retirarte? Si éste es tu caso lee el siguiente relato:


En aquellos días, como había una gran multitud, y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos, y les dijo: Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; y si los enviare en ayunas a sus casas, se desmayarán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos. Sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto? El les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Ellos dijeron: Siete. Entonces mandó a la multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; Tenían también unos pocos pececillos; y los bendijo, y mandó que también los pusiesen delante. Y comieron, y se saciaron; y recogieron de los pedazos que habían sobrado, siete canastas. Eran los que comieron, como cuatro mil; y los despidió. Mar 8:1-9


Estos hombres y mujeres estaban igual que tú, habían venido de muy lejos y estaban cansados y hambrientos, habían venido a ver y a escuchar a Jesús buscando repuestas. Llevaban tres días con él. Jesús tuvo compasión de todos ellos y por amor a todos, realizó un milagro impresionante, una multiplicación de unos pocos panes y unos cuantos peces. Con ellos dio de comer a cuatro mil personas hasta que TODOS quedaron saciados, y no solo eso, Jesús sabía que podrían llegar a tener más hambre y por ello dejó una cantidad adicional de comida.


Dios no te ha dejado de escuchar, él no te ha abandonado. El está muy pendiente de tus necesidades. El Señor te dará la respuesta a todas tus inquietudes y te hará recostar aliviándote de las cargas para que descanses, pero todo lo hará en el momento preciso y oportuno, ni un minuto antes, ni un minuto después. Lo único que necesitas es ser paciente y esperar. El tiempo nuestro no es el tiempo de Dios, el tiene un reloj que no falla, no se atrasa ni se adelanta.


Que habría pasado si estas personas hubieran decido regresar sin agua y alimento para el camino de regreso, ellos estaban alejados de sus casas. Seguramente habrían quedado en el camino desfallecidos y la muerte les alcanzaría.


No permitas que la impaciencia y la desesperación hagan de las suyas en tu vida. Dios está pronto a darte lo que tú necesitas. “Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas”. Lc. 21:19


Que el Señor te bendiga abundantemente.
autor: Mario Gutierrez





UN CORAZON DISPUESTO, UN VIENTRE PRIVILEGIADO

 
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Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una joven virgen que estaba comprometida en matrimonio con un hombre llamado José, de la familia de David. La virgen se llamaba María. Llegó el ángel hasta ella y le dijo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo." María quedó muy conmovida al oír estas palabras, y se preguntaba qué significaría tal saludo. Pero el ángel le dijo: "No temas, María, porque has encontrado el favor de Dios. Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, al que pondrás el nombre de Jesús. Será grande y justamente será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de su antepasado David; gobernará por siempre al pueblo de Jacob y su reinado no terminará jamás." María entonces dijo al ángel: "¿Cómo puede ser eso, si yo soy virgen?" Contestó el ángel: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el niño santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel está esperando un hijo en su vejez, y aunque no podía tener familia, se encuentra ya en el sexto mes del embarazo. Para Dios, nada es imposible."
Dijo María: "Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí tal como has dicho." Después la dejó el ángel. Lc. 26 -38
Dios hace cosas inexplicables. Quien se iba a imaginar que Jesús nuestro Señor vendría a nosotros de esta manera. Solo recordemos la escena de aquel ciego al que le devolvió la vista con lodo, hecho con su saliva y aplicado directamente a los ojos de este (Jn 9:6). Maravilloso!!! Pero también es impresionante saber que hubo personas que con humildad aceptaron lo que Dios tenía para ellos, encontraron gracia y el favor de él y por su obediencia, Dios envió la salvación.
María santísima debería ser para nosotros un ejemplo digno de imitar. Conducta intachable, respetuosa, inocente, humilde, paciente, trabajadora, cumplidora de la ley, etc. Características que agradaron tanto a Dios para que la escogiera por madre de nuestro Salvador.
Hoy que estamos a punto de festejar la Navidad, debemos esforzarnos para que nuestra vida sea como la de ella, siendo tal, que encontremos gracia ante los ojos de Dios. El sigue buscando gente como José, como María: hombres y mujeres obedientes a Dios, personas valientes, decididas y dispuestas, capaces de llevar a Jesús a todas partes, transmitiendo la paz, el perdón y el amor.
Así como María cargó en su vientre al niño Jesús, así también nosotros debemos llevarle en nuestro corazón.

Permitamos que Jesús crezca dentro de nosotros y así como María, le digamos al Señor: “Yo soy tu servidor, hágase en mí como lo has dicho”.

De nuestro corazón dispuesto, Dios hará un vientre privilegiado para llevar por siempre al Salvador!
Feliz Navidad y que Dios te bendiga abundantemente.

Autor: Mario Gutierrez









ENTRONIZANDO A DIOS

clip_image002Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría. Así que discutía en la sinagoga con los judíos y piadosos, y en la plaza cada día con los que concurrían. Y algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos disputaban con él; y unos decían: ¿Qué querrá decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses; porque les predicaba el evangelio de Jesús, y de la resurrección. Y tomándole, le trajeron al Areópago, diciendo: ¿Podremos saber qué es esta nueva enseñanza de que hablas? Pues traes a nuestros oídos cosas extrañas. Queremos, pues, saber qué quiere decir esto. (Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí, en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo.) Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos; porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio. Hch. 17:16-23

Nosotros somos muy parecidos a los atenienses de la época de Pablo. Tenemos muchos altares en nuestra vida pero el altar que le corresponde a Dios, está vacío. ¡Si, así es! Cada cosa que nos roba el tiempo para dedicarlo a Dios y a nuestra familia, tiene un altar en nosotros. Como ejemplo: El futbol, las salidas con los amigos, las novelas, los juegos de video, la Internet, el celular, el trabajo y muchas cosas más. No estoy en contra de todo lo anterior, estoy en contra, si eso desplaza a Dios en tu vida y hace que te olvides hasta de tu familia y de ti mismo.

Hoy que estamos a punto de festejar la Navidad es un buen momento para retomar tu relación con el Señor. Es necesario entronizarlo en el altar de nuestras vidas, de nuestras familias. No permitas que su altar esté vació ni mucho menos que éste sea ocupado por una cosa que no le corresponde.
Permite que Jesús ocupe y lo llene todo en ti, conócele y no le des la espalda.
Te deseo una feliz Navidad y que Dios te bendiga abundantemente.

Autor: Mario Gutierrez