Palabra, Obediencia y Bendición


“Una vez, Jesús estaba a la orilla del Lago de Galilea y la gente se amontonaba alrededor de él para escuchar el mensaje de Dios. Jesús vio dos barcas en la playa. Estaban vacías porque los pescadores estaban lavando sus redes. Una de esas barcas era de Simón Pedro. Jesús subió a ella y le pidió a Pedro que la alejara un poco de la orilla. Luego se sentó en la barca, y desde allí comenzó a enseñar a la gente. Cuando Jesús terminó de enseñarles, le dijo a Pedro: Lleva la barca a la parte honda y lanza las redes para pescar. Pedro respondió: Maestro, toda la noche estuvimos trabajando muy duro y no pescamos nada. Pero, si tú lo mandas, voy a echar las redes. Hicieron lo que Jesús les dijo, y fueron tantos los pescados que recogieron, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran en seguida a ayudarles. Entre todos llenaron las dos barcas. Eran tantos los pescados, que las barcas estaban a punto de hundirse”. Lc 5: 1-7

Busquemos las enseñanzas al rededor de esta lectura:

1. Mientras que otros buscan con ansias la Palabra y se amontonan al rededor del Señor para escucharle hablar, otros están tan ocupados y afanados en sus cosas que no escuchan a Dios, tal como los pescadores que limpiaban las redes. 
2. Las dos barcas del relato estaban vacías. Las barcas representan la vida, el hogar, la familia, el trabajo, la iglesia. Cuando no escuchamos a Dios y no estamos alimentados de su palabra, estamos vacíos, por más que intentemos obtener buenos resultados, seguiremos sin éxito alguno. Los pescadores habían trabajado toda la noche sin lograr pescar. Volvieron a casa con las manos vacías y lavaban sus redes desilusionados por la pesca infructuosa.
3. El Señor se fijo en las dos barcas vacías y escogió subirse a una de ellas. Jesús, en medio de la multitud distingue quien se está alimentado y quien se encuentra con hambre. Una gran cantidad de personas se agolpaban alrededor de él, y aunque lo rodeaban, el Señor logra distinguir en la orilla las dos barcas vacías. Jesús toma la decisión y sube a una de las dos barcas. El señor es misericordioso y entra en nuestra intimidad cuando más vacíos estamos y nos enseña, nos da sabiduría a través de sus palabras.
4. Después que Jesús enseña da indicaciones de echar las redes. Cuando Dios nos alimenta con el pan de la Palabra y nos da sabiduría, el nos indicará que hacer, y aunque quizá dudosos, debemos hacer las cosas por obediencia y con fe.
5. Pedro había intentado pescar toda la noche, pero lo había hecho por sus propios conocimientos y experiencia, y aún así no había obtenido resultados. Pero cuando lo hizo por mandato de Jesús (confiando en él) echó las redes, esta vez de día y no de noche. Los resultados fueron sorprendentes. Las redes se rompían. Cuando no Dios no está en nuestra vida, caminamos en oscuridad y fracasamos. Estando con él caminamos en la luz y somos exitosos.
6. Eran tantos los peces que Pedro llamó a los compañeros para que le ayudaran y entre todos llenaron las dos barcas que estaban vacías. Debemos aprender a compartir con los demás las bendiciones que Dios nos da. Cuando no somos egoístas y ayudamos a aquellos que están vacíos, tanto material como espiritualmente, las bendiciones abundarán para todos y nuestras vidas estarán repletas y en abundancia. Que hubiera pasado si Pedro no llama a sus compañeros, con seguridad su barca se hubiera hundido. A muchos les pasa, tienen tanto, no quieren compartir, terminando solos y hundidos.

Busquemos con ansias la Palabra, confiemos en las instrucciones de Jesús, compartamos con los demás las bendiciones, entonces recibiremos la bendición, hasta que sobre y abunde.

Autor: Mario Gutiérrez

El Evangelio: Lo que no es. Una mirada a ciertos errores actuales


Comparto este interesante artículo tomado de "LA PALABRA ENTRE NOSOTROS", Devocionario Católico en su edición Cuaresma  2013. (www.la-palabra.com)


Hace aproximadamente 800 años, un joven de Asís, llamado Francisco estaba rezando muy concentrado en la contemplación frente a un crucifijo en la deteriorada iglesia de San Damián. Estaba absorto en la contemplación cuando, de repente, escuchó una voz que venía del crucifijo. “Francisco”, le dijo, “anda a reconstruir mi iglesia, que como ves está en ruinas.” Movido por la voz, Francisco se puso de inmediato a trabajar para restaurar el ruinoso templo. Sacó los escombros, parchó el techo y colocó piedras nuevas para afirmar las paredes. Incluso salió a las calles de la ciudad a pedir dinero para comprar los materiales necesarios.
Pero no era esto exactamente lo que Dios quería decirle. Con el tiempo, Francisco se dio cuenta de que Jesús le pedía reconstruir espiritualmente toda la Iglesia, no reparar físicamente un templo.
El malentendido y la falta de una comunicación clara son naturales en la vida. Todos hemos dicho algo poco claro o hemos entendido erróneamente las palabras de alguien, y estos malentendidos a veces nos han llevado a cometer errores en el trabajo, hacernos una mala impresión de alguien o reaccionar con violencia a lo que nos ha parecido un insulto. Incluso, en ocasiones estos malentendidos nos han hecho cambiar la manera como llevamos la vida cristiana.
En el primer artículo, dijimos que era importante tener en claro cuál es el mensaje del Evangelio. Esta vez queremos referirnos a ciertas ideas erróneas que mucha gente tiene del Evangelio. Tal vez si podemos definir lo que el Evangelio no es, lograremos un mejor sentido de lo que sí es.
Errores primitivos. Recordamos que, en la época de la iglesia primitiva, los apóstoles se dedicaban de lleno a enseñar y predicar acerca de Jesús y de la buena noticia de la salvación, porque la mayoría de la gente, especialmente los que vivían lejos de Jerusalén, nunca habían oído hablar de Jesús. En su mayoría, los que no eran judíos no habían oído nunca decir que Dios deseaba redimir a la humanidad y ni siquiera sabían por qué era necesaria una “redención.”
Como el Evangelio era tan nuevo, los primeros creyentes tenían que hablar claramente y en forma precisa cuando compartían el mensaje: tenían que hablar en forma convincente acerca del pecado y la salvación; tenían que explicar quién era Jesús, por qué su muerte era importante para sus oyentes y cómo les podría cambiar la vida para mejor. En algunos casos, hasta tenían que presentar todo el concepto de la resurrección de los muertos.
Ya era bastante difícil compartir el Evangelio con los judíos, que buscaban a un Mesías diferente del que proclamaban los apóstoles. ¡Cómo sería dirigirse a los gentiles, los no judíos, cuyas creencias no tenían relación alguna con las Escrituras hebreas! Pero, por la gracia de Dios, el mensaje fue recibido. En una ciudad tras otra, judíos y gentiles por igual empezaron a aceptar el Evangelio de Jesucristo.
Luego surgieron los conceptos erróneos internos que tuvieron que afrontar los primeros cristianos. Por ejemplo, algunos cristianos de origen judío pensaban que los nuevos conversos gentiles tenían que aceptar diversos aspectos de la tradición judía para poder completar su salvación (Hechos 15,1-2). Y en la comunidad de Corinto, algunos conversos influyentes —a quienes San Pablo sarcásticamente llamaba “superapóstoles”— parecían estar dedicados a sembrar enseñanzas falsas y división en la iglesia (1 Corintios 1,11-17). Y no olvidemos que dos grandes apóstoles, Pablo y Bernabé, estuvieron enemistados durante casi catorce años (Hechos 15,36-41).
¿Religión o relación? La situación de hoy no es diferente de lo que era en la Iglesia primitiva, ya que todavía lidiamos con ideas erróneas sobre el mensaje del Evangelio; todavía afrontamos confusiones sobre lo que significa ser seguidor de Cristo y vemos muchos conceptos diferentes sobre quién es Jesús y lo que Él vino a hacer. A veces, estos errores contienen ciertas partes del mensaje, pero no el corazón del Evangelio.
Un ejemplo es que algunos ven el cristianismo —y hasta nuestra fe católica— solo como un sistema religioso, es decir, lo reducen a un modo de vivir o un conjunto de mandamientos y reglas. En el mundo católico podríamos decir: “Si voy a Misa el domingo, trato de hacer el bien y doy dinero a los pobres, estoy haciendo lo correcto.”
Hasta cierto punto, eso está bien. Pero, como Pablo se lo dijo a los corintios, la vida cristiana se trata de una relación personal con Jesucristo, no una serie de mandatos y prohibiciones. Como lo presentó Pablo, el corazón del Evangelio es un mensaje de reconciliación (2 Corintios 5,19), y la reconciliación en sí misma tiene que ver con las relaciones interpersonales, o entre nosotros y Dios. No se trata de un sistema o un método. El propio Jesús lo dijo: se trata de ser amigos con Él y dar fruto para Él durante toda nuestra vida (Juan 15,14-17).
Es cierto que la Iglesia nos anima a llevar un estilo de vida religioso, con prácticas tales como ir a Misa, rezar nuestras oraciones y observar el ayuno cuaresmal, pero la Iglesia en sí misma no es un sistema religioso: Es la congregación de un pueblo que busca tener y profundizar una relación de amor con Dios y el uno con el otro.
Entonces, cabe preguntarse: “¿Me ayudan estas prácticas a amar a Jesús más cada día? O ¿he dejado que no sean más que una rutina, cosas que hago solo porque se supone que las haga?” Durante la Cuaresma queremos invitarte a que decidas hacer que tus observancias se conviertan en oportunidades: busca a Jesús en la Misa, pídele que satisfaga tu hambre espiritual cuando haces ayuno, y en la oración, espera que el Señor te hable al corazón y te llene de su presencia.
¿Un lugar para modelos de virtud? Un concepto igualmente erróneo es la idea de que el cristianismo es principalmente un sistema de moral, lo que reduce el mensaje del Evangelio a una doctrina centrada en virtudes, como las de honestidad, justicia, bondad e integridad.
Claro que hay una larga tradición de moral cristiana arraigada en los Diez Mandamientos y en el Sermón de la Montaña, y todos estamos llamados a llevar una vida de virtud y hacer todo lo posible por fomentar el bien común, lo que incluye adoptar posturas en contra de cosas como el aborto, la injusticia económica y la inmoralidad sexual, y es cierto que debemos ayudar a los pobres, reconfortar a los ancianos y proteger a los débiles. Todas estas son partes necesarias de nuestra vocación de cristianos, pero la esencia de nuestra vocación está basada en la necesidad de un salvador, y su nombre es Jesús.
San Pablo puso esto en una perfecta perspectiva cuando escribió: “Por la bondad de Dios han recibido ustedes la salvación por medio de la fe. No es esto algo que ustedes mismos hayan conseguido, sino que es un don de Dios.” Y añadió: “Es Dios quien nos ha hecho; él nos ha creado en Cristo Jesús para que hagamos buenas obras, siguiendo el camino que él nos había preparado de antemano” (Efesios 2,8-10). Se supone que las convicciones morales que tengamos y las buenas obras que hagamos sean una respuesta al amor de Dios; pero nuestra fe está basada en el deseo de Dios de que nos reconciliemos con Él, y nuestra reconciliación llegó por medio de Jesucristo y su muerte en la cruz, no por medio de nosotros mismos ni de nuestro arduo trabajo.
¿Un Evangelio de hechura propia? Otro malentendido común respecto del Evangelio es la idea de que cada uno puede decidir lo que es o no es el mensaje de cristianismo, error que es parecido a lo que proponen algunos, de que no hay absolutos y que todo es relativo o subjetivo. Los relativistas afirman que un entendimiento es tan bueno como otro, es decir, que hay varios conjuntos de creencias diferentes que son válidos y que ninguna verdad es absoluta. El subjetivismo es similar, pero reduce la pregunta de lo que es la verdad a lo que cada persona piensa y percibe, o sea algo como: Yo tengo mis verdades y tú tienes tus verdades, y eso está bien mientras no nos hagamos daño el uno al otro.
Muy por el contrario, los católicos debemos creer todo que expresa el Credo de Nicea y las enseñanzas de la Iglesia, y aceptar las verdades que se proclaman en la Sagrada Escritura. Estas verdades no son ideas subjetivas ni dependen de nuestra propia interpretación; no son sugerencias ni ideas aisladas. Son verdades que constituyen los fundamentos de nuestra fe.
El verdadero peligro del relativismo y el subjetivismo es que estas filosofías nos aseguran que uno puede incluir a Dios en sus planes como una parte más y adaptarlo a sus expectativas. En efecto, estas filosofías hacen que la forma en que se experimenta a Dios sea más importante que Dios mismo.
Un fundamento seguro. Hay otras ideas erróneas acerca del mensaje del Evangelio, pero las tres que mencionamos son probablemente las más frecuentes, y mientras podamos identificarlas con mayor claridad, estaremos en mejores condiciones para hacerles frente. Es cierto que vivimos en un mundo lleno de ideas falsas y medias verdades sobre nuestra fe, pero no tenemos que aceptar esas ideas como si fueran la verdad. Estamos en el mundo, pero no somos del mundo, si hacemos todo lo posible por entender claramente lo que es el Evangelio y mantener nuestra confianza en el Señor.
Queridos hermanos, Jesús desea guiarnos durante toda nuestra vida, y por eso entregó su vida por nosotros en la cruz. Allí nos quitó nuestros pecados, para que volviéramos a tener comunión consigo. Cristo quiere ser nuestro Señor y amigo más íntimo, el que dirige nuestros pasos con amor y quién nos lleva a la santidad. Así pues, en esta Cuaresma, hagamos que Jesucristo, el Hijo de Dios que murió y resucitó, sea el fundamento de nuestra fe.

La desobediencia a Dios trae sus consecuencias


Tapar los oídos al llamado
de Dios, puede causar sordera
espiritual permanente.
“Has estado buscando un empleo por mucho tiempo y el día de tu primera y única cita para emplearte  sales  a toda prisa, tienes el tiempo contado, en el camino te encuentras con un congestionamiento descomunal, se te pincha la llanta del vehículo, no llevas repuesto, olvidaste el celular para poder llamar y avisar que vas tarde, abandonas el vehículo, sigues a pie, cae una fuerte lluvia, no llevaste paraguas,  te mojas por completo, llegas tardísimo, encuentras el lugar de la entrevista cerrado, regresas decepcionado, llegas a casa, encuentras la puertas abiertas, te han robado todo, suena el teléfono de la casa, es tu pareja, rompe contigo, te sientas en las gradas, rompes en llanto, te dan ganas de quitarte la vida”.


Quizá parezca un poco exagerado la exposición anterior, pero con ese ejemplo he querido ilustrar una serie de algunos difíciles sucesos que pueden llegar a ocurrir en el transcurso de la vida de una persona. Todos los acontecimientos que suceden en la vida son consecuencias o resultados que tienen una causa, un origen. Sabemos que Dios ha establecido sus preceptos, mandamientos o reglas para una buena convivencia con los demás, y si cada persona las pusiera en práctica, nuestro mundo sería muy diferente al actual. En la Biblia podemos encontrar muchos ejemplos de consecuencias sucedidas por quebrantamiento de esas reglas. Podemos comenzar citando el caso de Adán y Eva. Ellos lo tenían todo, sus vidas y su futuro estaban garantizados y simplemente tenían que seguir una sola regla “Y Dios tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara. Y Dios le dio al hombre un mandamiento; le dijo: "Puedes comer todo lo que quieras de los árboles del jardín, pero no comerás del árbol de la Ciencia del bien y del mal. El día que comas de él, ten la seguridad de que morirás” La desobediencia molestó a Dios y ordenó su la destitución del hombre del jardín de Edén y el sufrimiento consecuente adquirido: un trabajo con muchos sacrificios, un hijo muerto y el otro asesino. 

Para encontrar la respuesta a las situaciones difíciles que estamos experimentando, es necesario buscar en nuestro interior y mirar nuestra vida espiritual. Quizá esas situaciones negativas que nos pasan sean un llamado de atención para buscar una mejor relación con Dios.

En lo personal siempre he creído que Dios tiene el control de todo y muchas veces permite que pasen situaciones en nuestro entorno para llamar nuestra atención hacia él. Recuerdo otro caso bíblico que ejemplifica muy bien esta situación: La historia de Jonás 

“La palabra de Dios fue dirigida a Jonás, hijo de Amittay, en estos términos: Levántate, vete a Nínive, la ciudad grande, y predica contra ellos, porque su maldad ha subido hasta mí. Se levantó Jonás, pero fue para huir a Tarsis, lejos de la presencia de Dios. Descendió a Jafa, donde encontró un barco que salía para Tarsis, pagó su pasaje y se embarcó para irse con ellos a Tarsis, lejos del rostro de Dios. Pero Dios envió un fuerte viento sobre el mar, causando una tempestad tan grande que el barco amenazaba hundirse. Los marineros tuvieron miedo y cada uno invocaba a su Dios. Después echaron la carga del barco al mar para sacarle peso. Jonás, mientras tanto, había bajado al fondo del barco para tomar descanso, y dormía profundamente. El capitán se acercó a él y le dijo: "¿Cómo estás durmiendo? Levántate, invoca a tu Dios, quizá se acuerde de nosotros y no pereceremos. Después se dijeron unos a otros: "Echemos suertes para saber quién nos trajo ese mal. Echaron suertes y la suerte cayó en Jonás. Entonces le dijeron: "Tiene que haber un causante de nuestra desgracia; enséñanos, pues, cuál es tu oficio y de dónde vienes. ¿Cuál es tu país y de qué pueblo eres?" Entonces empezó a decirles: "Soy hebreo y temo a Dios, Dios del Cielo, que hizo el mar y los continentes.... Aquellos hombres tuvieron gran miedo y le dijeron: "¿Qué es lo que has hecho?" Pues ahora esos hombres sabían que huía de la presencia de Dios. Le dijeron: "¿Qué haremos contigo para que se calme el mar?" Pues el mar se embravecía. Jonás les contestó: "Llévenme y arrójenme al mar, y éste se calmará, porque sé que por culpa mía les ha sobrevenido esta tempestad. Pues, por más que los marineros se esforzaban remando por alcanzar tierra, no podían, y el mar cada vez se ponía más agitado. Entonces invocaron a Dios y le dijeron: "Oh Dios, no nos hagas perecer a todos por causa de este hombre, ni nos consideres culpables de su muerte, ya que tú, Dios, has obrado todo según deseabas. Luego, llevando a Jonás, lo tiraron al mar, y el mar calmó su furia. Aquellos hombres temieron a Dios y con gran respeto le ofrecieron un sacrificio y le hicieron votos”. (Jn 1. 1-16)

La desobediencia a Dios definitivamente trae sobre nosotros situaciones difíciles y peor aún, cuando no queremos saber nada de él. 

Cuando estamos en problemas no queremos reconocer que estos son causa de nuestra misma terquedad y desobediencia. Nos llegamos a volver tan insensibles y nos importa poco si nuestra situación daña la vida de los demás. Jonás se puso a dormir en los momentos difíciles y no le importó que los demás estuvieran padeciendo por causa de él. Al final, nuestra desobediencia no pasará inadvertida. Seremos objeto de recriminación a tal grado que las personas nos alejarán de sus vidas al saber que somos la causa de sus desgracias. 

Jonás al ser descubierto por los marineros, les pidió que lo arrojaran al mar para que este se calmara. Cuando nuestra situación ha sido descubierta y sale a la luz, muchas veces, nuestra actitud es derrotista y solo pensamos que la solución a nuestros problemas son las decisiones radicales fuera de la sabiduría de Dios. Es por ello que existen muchas decisiones de suicidios, divorcios, drogas, migración a otros países, etc. Cuando conozcamos a alguien con problemas, oremos a Dios por él y pongámoslo en las manos del Señor para que tenga sabiduría y lo libre se sus angustias.

Dios permitirá que pasemos situaciones no tan agradables para reconocer que sin él nada podemos hacer y que él es nuestra salvación. Jonás se ahogó en su situación y casi llegó a abrazar la muerte. Dios no permitió que muriera. Le mandó a un pez gigante que lo tragara, estuvo por tres días y tres noches dentro de este. Luego Jonás reflexionaría y sacaría sus conclusiones del porque padeció tanto. Solo hasta entonces Dios ordenó al pez que lo arrojara en tierra firme. La tierra representa la estabilidad, la libertad, la bendición y la respuesta de Dios a nuestras vidas. Cuando Dios nos rescata de la angustia, es necesario que reflexionemos para meditar acerca de la situación y entonces estar decididos a buscar el rostro del Señor. Solo hasta que pasemos por la escuela de Dios entonces podremos liberarnos de las consecuencias de la desobediencia.

Oración de Jonás

“En mi angustia llamé a Dios y él me respondió, grité desde el lugar de los muertos y tú oíste mi voz. Me habías arrojado en el corazón del mar, y la corriente me cercaba, tus olas y tus remolinos pasaban sobre mí. Y dije: He sido arrojado de tu presencia, nunca más veré tu santo templo. Me subían las aguas hasta el cuello, el abismo me rodeaba, las algas se enredaban en mi cabeza. A las raíces de los montes descendí, al país cuyos cerrojos se cierran para siempre, pero me hiciste subir de la fosa, ¡oh Dios, mi Dios! Cuando en mí se me desfallecía el alma, me acordé de Dios, y mi oración llegó a ti, a tu santo templo. Los que sirven los ídolos vanos sacrifican sus esperanzas; pero yo en acción de gracias te ofreceré un sacrificio y cumpliré mis votos: de Dios viene la salvación”.

Jn 2: 3 - 10

Autor: Mario Gutierrez

Los problemas de los hijos de parejas gay


Polémicas en torno a una investigación de la Universidad de Texas; según el estudio serían menos saludables y más propensos al suicidio y a la traición
Autor: Marco Tosatti | Fuente: vaticaninsider.lastampa.it
En junio del año pasado, la revista científica estadounidense "Social Science Research", la "peer rewieved" más prestigiosa del sector, publicó dos estudios muy interesantes sobre los problemas de los niños que crecen dentro de una relación homosexual. Estos estudios modificaron el panorama del conocimiento al respecto. Las primeras investigaciones sobre este argumento (y tal vez estas sirvieron como base para las decisiones de la Corte Constitucional) afirmaban que no hay diferencia en el desarrollo afectivo y psicológico de los niños de parejas homosexuales y heterosexuales.

Hasta junio del año pasado, como explicaba Francesco Paravati (presidente de la Sociedad Italiana de Pediatría), los problemas relacionados con las «nuevas familias» eran fenómenos muy recientes, por lo que las investigaciones tenían un carácter preliminar y a menudo se realizaban con pequeños grupos y a breve plazo.

Uno de estos dos nuevos estudios es el del sociólogo de la Universidad de Texas, Mark Regnerus. Su estudio está dotado de un método inédito cuantitativa y cualitativamente. Se basó en una muestra mucho más grande y a nivel nacional; pero, sobre todo, dejó que fueran los «hijos» de padres homosexuales los que tomaran la palabra.

Entre los datos presentados, y que han creado polémicas, surgió que el 12% piensa en el suicidio (en contra del 5% de los hijos de parejas heterosexuales), son más propensos a la traición (40% contra 13%), a menudo son desempleados (28% contra 8%), recurren con mayor facilidad a la psicoterapia (19% frente a 8%) y requieren mayor asistencia social con respecto a sus contemporáneos. El 40 % de los casos indicó que ha contraído una enfermedad de transmisión sexual (en contra del 8%); son normalmente más pobres, menos saludables y más propensos al tabaquismo y a la criminalidad.

Además, el autor afirma que los estudios que se han publicado hasta ahora (y que sostienen la teoría de que no hay «ninguna diferencia» entre los niños que crecen en familias heterosexuales y "gay", «se basan en datos no casuales y poco representativos, usan muestras de dimensiones pequeñas que no permiten la generalización hacia la población más amplia de familias de homosexuales y lesbianas».

El movimiento LBGT de los Estados Unidos puso en marcha una fuerte campaña para deslegitimizar a Regnerus, que a menudo se ha mostrado a un paso del insulto y del linchamiento moral (con una violencia extraordinaria). Incluso reunieron firmas para pedir que la Universidad de Texas despidiera al investigador. Por ello comenzó una investigación interna para verificar la cientificidad del estudio. Sin embargo, el 29 de agosto del año pasado en el sitio web de la misma universidad apareció este comunicado: «La Universidad de Texas estableció que ninguna investigación formal puede ser justificada con respecto a las acusaciones de mala conducta científica presentadas en contra del profesor Mark Regnerus, con respecto a su artículo publicado en la revista "Social Science Research"». Según la Universidad, «no hay pruebas suficientes para justificar una investigación». Como sea, la investigación interna reconoció la legitimidad del trabajo del investigador y su fidelidad al protocolo previsto por la metodología para la investigación.

La Universidad de Texas se encuentra en el lugar 67 entre las mejores universidades del mundo, según el "US News and World Report. La investigación de Regnerus, además, fue aprobada por el "New York Times", que no es un dechado de simpatía para con las posturas tradicionales. El periódico escribió que «los expertos externos, en general, dijeron que la investigación fue rigurosa y que ofrece algunos de los mayores datos al respecto». La comisión "externa" estaba formada por un grupo de 18 científicos y profesores universitarios. Además, diferentes psicólogos y psiquiatras reconocieron la confiabilidad de los incómodos resultados.

PARA SER HUMILDES, HAY QUE SALTAR MUY ALTO


Cada vez que abrimos nuestros ojos a un nuevo día, tenemos un sinfín de oportunidades que debemos aprovechar para hacer la diferencia. El nuevo despertar nos trae espacios para ejercitarnos y ser cada ve mejores personas. La vida misma nos pone retos, pero también nos da las oportunidades de ser grandes y al mismo tiempo ser humildes.

En relación a lo anterior recordé una noticia que recientemente  se publicó y que le dio la vuelta al mundo, la cual comparto a continuación

El 14 de Octubre de 2012 Felix Baumgartner consiguió tres récords: realizar el salto más alto (a unos 38,900 metros); llegar más lejos con un globo (unos 39,005 metros) y ser el más rápido en caída libre. Baumgartner se convirtió en el primer hombre que supera la velocidad del sonido sin ayuda mecánica. Felix Baumgartner aterrizó sano y salvo en la tierra después de lanzarse desde una cápsula a 39 kilómetros de altura, a una velocidad máxima de 1,342.8 kilómetros por hora. «Cuando estaba allí parado en la cima del mundo, te conviertes en tan humilde, no piensas en romper ya los récords, no piensas en obtener datos científicos. Lo único que deseas es regresar con vida», aseguró tras el impresionante salto, según reportó la emisora CBS. «Algunas veces debemos ir realmente alto para ver cuán pequeños somos», agregó.

Felix Baumgartner, quien tenía la ambición de obtener cuatro records y que solo pudo conseguir tres, estuvo preparándose por mucho tiempo para realizar tan asombrosa Azaña, pero en el preciso instante de iniciarla se dio cuenta que habían cosas más importantes. El dijo “Lo único que deseas, es regresar con vida”. 

El hombre en el afán de alcanzar sus metas, muchas veces puede fácilmente perder de vista las cosas más importantes en su vida: su pareja, sus hijos, su salud, los amigos, los que te necesitan, Dios, etc.

Al iniciar el nuevo año, pongámonos encima de esas cosas que nos distraen, alcemos la vista lo más alto que podamos, y divisemos esas cosas que se nos escapan y que son tan importantes como la vida misma, para darles toda nuestra atención.


Ver el video: 


Autor: Mario Gutiérrez